REESTRUCTURACIONES, REFINANCIACIÓN

Las ‘errres’ en el marco de las empresas en dificultad

Reestructuración y Refinanciación

Como hemos venido describiendo en artículos anteriores, el empresario o directivo cuenta con una caja de herramientas a su alcance cuyo uso se hacen particularmente imprescindible en el momento en que la empresa sufre dificultades económicas, patrimoniales o financieras.

Cuando una compañía se encuentra en situación crítica, defendemos que es imprescindible abordar una reestructuración profunda, es decir, una reestructuración con todos los apellidos, esto es, desde el mayor número de puntos de vista. Y, ¿cuáles son los apellidos de la reestructuración? Los que internamente denominamos “las erres”: refinanciación, redimensionamiento, reorientación, redistribución y rediseño.

Hoy vamos a abordar la reestructuración y refinanciación de la deuda empresarial. Creemos que es la más urgente por el impacto que tiene sobre la totalidad de las áreas de la empresa.

Nos gusta defender una realidad poco popular. Lo hacemos por convicción. Creemos que debemos entender las relaciones empresariales como relaciones a largo plazo (colaborativas y no competitivas). Los proveedores (sean de materias primas, partes del proceso productivo o financieros) deben ser entendidos como piezas de nuestra propia empresa. Sea en situaciones óptimas, sea cuando las dificultades se avistan, es muy trascendente mantener una estrecha colaboración y comunicación con todos los actores.

Uno de los más importantes, a nuestro juicio, es aquel que constituye el riego sanguíneo del tráfico mercantil: los bancos. Es fácil calificar de “chupasangres” a quienes en realidad son simbióticos de la actividad empresarial y protagonistas de su crecimiento, pero ni es justo ni es inteligente verlos como el enemigo al que dañar. ¿Quién mejor va a estar técnicamente preparado para comprender y apoyar un proyecto sólido, por mucho que este se encuentre en dificultades? Pero tiene que estar bien diseñado, ser realista y no ocultar cajas de reptiles.

Si bien será oportuno negociar con los proveedores ciertos márgenes temporales de pago, así como condiciones puramente económicas, serán con las entidades financiadoras con quienes se tiene que amoldar la estructura de deuda a nuevas circunstancias. Este trabajo podrá hacerse bilateralmente o de manera sindicada. En todo caso, se recomienda la máxima información, transparencia y un plan de negocio y de viabilidad sólido.

El primer paso se deberá dar con el banco dominante dentro de nuestra estructura de deuda. A la reunión es conveniente no ir con un mensaje (una visión), sino con:

– Cuentas anuales de los tres últimos ejercicios cerrados;

– Unos estados financieros intermedios bien elaborados (balance de situación y cuenta de pérdidas y ganancias -resultados-);

– Una realista estructura de costes;

– Una revisión de clientes históricos, presentes y potenciales;

– Un plan claro de viabilidad y una previsión contrastada de la evolución del negocio;

– Un modelo CANVAS y un DAFO completo siempre será de gran ayuda.

– Con esa información se deberá llevar una propuesta, que bien puede contener quitas y/o un plan de repagos aplazado en el tiempo (con o sin carencia), así como, si fuere el caso, unas previsiones de nueva financiación o dinero nuevo.

Las entidades financiadoras aprecian el esfuerzo y compromiso del empresario. Por esta razón es conveniente que éste aporte al proyecto una relación clara de bienes que pudieran ser objeto de garantía mobiliaria o inmobiliaria.

La referida conversación se repetirá con todas y cada una de nuestras entidades proveedoras para determinar el mejor modo de operar la refinanciación (incluido un acuerdo conjunto homologado por los Juzgados de lo Mercantil).

La virtud de esta transparencia no garantiza una respuesta positiva. Es bueno recordar que los bancos gozan de ingente cantidad de información, por lo que es posible que ciertamente conozcan estadísticas fuera del alcance del empresario que impidan a sus comités de riesgo de uno o varios bancos a aceptar el proyecto.

Si ese fuese el caso, el empresario deberá analizar otras estrategias, porque lo cierto y verdad es que su promesa estará siempre apegada a la continuidad empresarial. Tal vez, en ese momento, deberá visualizar responsablemente la posibilidad de promover un concurso de acreedores. Pero esta herramienta la dejaremos para una reflexión posterior.

Iñigo Gómez Bilbao

“Creemos que debemos entender las relaciones empresariales como relaciones a largo plazo (colaborativas y no competitivas). Sea en situaciones óptimas, sea cuando las dificultades se avistan, es muy trascendente mantener una estrecha colaboración y comunicación con todos los actores”
  • En todos los casos diseñamos un plan de acción a medida. Cada situación es diferente.
  • Nos involucramos de principio a fin. No hay excusas.
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